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La precisión de un Rolex

El espíritu de Rolex emana precisión sobre todas las cosas y es que, desde sus comienzos, su visionario fundador concentró todos los esfuerzos en la calidad de los movimientos relojeros. Una incesante búsqueda por la precisión cronométrica que daría resultado rápidamente: concretamente en 1910, cuando un Rolex recibió el primer certificado oficial suizo que el Official Watch Rating Centre (organismo oficial de control del funcionamiento de los relojes) de Bienne otorgara a un reloj de pulsera.

Y es que, escasos cuatro años más tarde, en 1914, el Observatorio de Kew de Gran Bretaña concedió al reloj de pulsera Rolex un certificado de alta precisión, algo insólito ya que hasta ese momento se entregaba únicamente a los cronómetros marinos. Desde entonces, el reloj de pulsera Rolex es sinónimo de precisión, algo que cuidadosamente se ha perpetuado durante años, siendo esta característica el buque insignia de la lujosa marca suiza.

La precisión para Rolex

Pero más allá de los relojes de pulsera, la precisión para Rolex es una filosofía de vida, la única forma en la que concibe el quehacer de cualquier actividad y es que Hans Wilsdorf estaba soberanamente convencido de la capacidad del ser humano para innovar con la excelencia y perseverancia como objetivo. Por ello, guiado por su intuición y dicha convicción, y gracias a su visión y voluntad de superar los límites – que no fueron pocos – logra imponer el reloj Oyster Perpetual como el arquetipo de reloj hermético, preciso y robusto, capaz de resistir a cualquier situación.

Fue precisamente el Oyster Perpetual el que en 1927 acompañó en la travesía a nado del canal de la Mancha a la nadadora inglesa Mercedes Gleitze. Tras 10 horas bajo el agua, el reloj seguía en perfecto estado de funcionamiento.

Por ello, no es casualidad que a las esferas de los Oyster de Rolex se les denomine «Perpetual», porque sus relojes están diseñados para perdurar, para recordarnos el glorioso pasado, acompañarnos en el presente y contar las horas para el futuro. Y es que, desde la precisión, Rolex apunta a la longevidad, fiabilidad y continuidad de las historias que se esconden detrás de cada reloj. 

Por ello, esa búsqueda constante por la precisión e innovación que han marcado la historia de Rolex ha dejado un firme legado de relojes de pulsera tan precisos y eficaces que han acompañado a exploradores y deportistas de élite en sus hazañas, tanto en la cima de las montañas como en alta mar, pasando por el hielo polar y el caluroso desierto. 

Y para garantizar que ese savoir-faire no desaparezca nunca, y que el espíritu de Hans Wilsdorf prevalezca a lo largo de muchos años, Rolex cuenta con su propio Centro de Formación en Ginebra, único en su género, dedicado a potenciar nuevos talentos y a la formación constante de sus empleados, colaboradores y directivos. 

Este espacio perpetúa la filosofía de precisión de Rolex al favorecer la transmisión del patrimonio de la empresa a través del desarrollo, el conocimiento y experiencia, y tiene como misión asegurar esta prestigiosa herencia en consonancia con los valores de la marca.